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Los cursos se están actualizando con la inteligencia artificial. Intentamos estar siempre a la vanguardia de los avances de la IA: las herramientas cambian, y el temario se revisa para que lo aprendido siga sirviendo al publicar.
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Aurora enseña a usar la inteligencia artificial en el diseño de una web sin publicar lo primero que devuelve el modelo. La herramienta propone. La persona decide. El curso parte de un negocio concreto y de unas restricciones: colores que ya existen, tono de voz, qué no se puede inventar, qué foto es real y cuál no puede usarse. Sin esas restricciones, la IA rellena con un local genérico, un eslogan intercambiable y una estructura que podría ser de cualquier sector.
Se aprende a pedir variantes con un encargo preciso. No “hazme una web bonita”, sino una página de inicio con un titular, tres servicios y una acción, en un ancho de móvil, con un color de acento y sin fotografías de stock de playas. Se comparan varias salidas y se descarta lo que no se podría construir o lo que contradice la marca. Se mira la jerarquía: si el modelo ha puesto el mismo peso a todo, se reordena. Si ha inventado un premio, un año de fundación o una dirección, se borra. El texto generado se trata como un borrador: se comprueba cada dato contra lo que el negocio puede sostener.
En la parte visual se usan las propuestas para explorar composición, no para sustituir el criterio. Una retícula sugerida se pasa a medidas reales. Un botón sugerido se contrasta con el fondo. Una paleta sugerida se reduce a los colores que ya se habían decidido en Lienzo, si ese trabajo existe, o a unos pocos códigos anotados. Las imágenes generadas, si se usan, se marcan como tales cuando haga falta y no se presentan como fotos del local. Una foto falsa de un equipo o de una obra hecha es un problema de confianza, no un atajo. Se prefiere la foto propia, aunque sea sencilla, a una escena perfecta que no ha ocurrido.
También se organiza el flujo de trabajo. Se guarda el encargo, la variante elegida y el motivo del descarte, para poder repetir el proceso cuando la herramienta cambie. Se evita pegar en la web un bloque que nadie ha leído. Hay una lista de revisión: datos ciertos, contraste, una sola acción, textos que se pueden leer en voz alta, ausencia de frases huecas. La IA acelera las propuestas. No acelera la responsabilidad de publicar. El curso insiste en ese orden porque las herramientas se actualizan y el oficio de revisar no caduca con ellas.
En una semana se producen y se criban variantes de una página, y se publica solo lo revisado. En quince días se aplica el mismo método a varias secciones y se deja una guía de encargos reutilizable. En un mes se revisa un sitio ya hecho con ayuda de IA y se corrige lo inventado, lo genérico y lo que no se puede mantener. Aurora no forma especialistas en modelos ni promete que la herramienta diseñe sola. Forma a quien quiere ir delante en el uso de la IA y, al mismo tiempo, publicar una web que sigue siendo del negocio.