Curso Lexema

Semántica prompt para IA: encargar con claridad y revisar el resultado antes de usarlo.

Cuaderno con frases subrayadas, un portátil y notas sobre el sentido de un encargo a la IA

Duración 15 días aprox.

Los cursos se están actualizando con la inteligencia artificial. Intentamos estar siempre a la vanguardia de los avances de la IA: las herramientas cambian, y el temario se revisa para que lo aprendido siga sirviendo al publicar.

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Qué se aprende

Lexema enseña semántica prompt para IA: cómo decirle a una herramienta qué se quiere, qué no se quiere y qué significa cada palabra del encargo. Un prompt no es una frase mágica. Es un contrato corto entre la persona y el modelo. Si las palabras son ambiguas, el resultado también lo es. El curso parte de un trabajo real — una página, un servicio, un mensaje al cliente — y convierte ese trabajo en un encargo que se puede repetir y revisar.

Se empieza por la intención. Qué tiene que salir: un borrador, una lista, una estructura, una variante. Qué no puede inventar: precios, fechas, premios, nombres, garantías. Qué contexto hay que dar: zona, tono, público, límites del negocio. Se escribe el prompt en capas: objetivo, datos seguros, prohibiciones, formato de salida y criterio de rechazo. Una frase genérica como “hazlo profesional” se sustituye por una instrucción concreta: “usa frases cortas, nombra el pueblo y no prometas plazos”.

La semántica se practica leyendo el resultado en voz alta. Si una frase podría estar en cualquier web del sector, se marca. Si el modelo ha cambiado el sentido de una palabra del encargo, se corrige el prompt, no solo el texto. Se distinguen sinónimos que no lo son en un negocio: “alquiler” y “cesión”, “consulta” y “presupuesto”, “entrega” y “publicación”. El alumno deja una ficha de léxico propio: palabras permitidas, palabras a evitar y ejemplos de buen encargo y de mal encargo.

También se trabaja la revisión. El modelo propone. La persona decide. Se anota qué se aceptó, qué se descartó y por qué. Esa memoria evita repetir el mismo error cuando la herramienta cambie de nombre o de estilo. Se practica a pedir menos: un bloque claro vale más que tres páginas vacías. Si el resultado no aporta un dato que el negocio pueda sostener, no se usa.

En unos quince días se deja un método usable: prompts reutilizables, una lista de límites y una rutina de contraste. En una semana cabe el primer encargo bien escrito y su revisión. En un mes el método se aplica a varios tipos de texto y se consolida el léxico del negocio. Lexema no enseña a “engañar” a la IA ni a ocultar que se ha usado. Enseña a pedirle con precisión y a no publicar lo que no se entiende.

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