Curso Ancla
Creación de páginas web
Duración 1 mes aprox.
Estructura, páginas, textos base y publicación de un sitio sencillo para un negocio.
Ver el cursoEnseñamos a crear la web de un negocio en Ibiza y a posicionarla. El curso cubre creación, diseño y SEO, con una presencia más clara y más confianza para quien te busca.
Una web propia ordena la oferta mejor que un perfil suelto en redes.
Se ve el servicio, el contacto y el trabajo que hay detrás del negocio.
La información se encuentra rápido y la página carga sin hacer esperar.
Nueve cursos con nombre propio. Cubren la creación de la web, el diseño, el posicionamiento y la inteligencia artificial, incluida la semántica prompt. Opiniones de quien ya los está haciendo.
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Curso Ancla
Duración 1 mes aprox.
Estructura, páginas, textos base y publicación de un sitio sencillo para un negocio.
Ver el cursoCurso Lienzo
Duración 1 mes aprox.
Color, tipografía, jerarquía y una imagen coherente con la marca.
Ver el cursoCurso Retícula
Duración 15 días aprox.
Cómo se ve y se usa la web en el teléfono, que es donde llega la mayoría de visitas.
Ver el cursoCurso Faro
Duración 1 mes aprox.
Palabras clave, títulos, contenidos y la base para aparecer en Google.
Ver el cursoCurso Brújula
Duración 1 semana aprox.
Búsquedas de la zona, ficha del negocio y señales para que te encuentren en Ibiza.
Ver el cursoCurso Umbral
Duración 1 semana aprox.
Textos, llamadas a la acción y páginas que consiguen la consulta o la reserva.
Ver el cursoCurso Aurora
Duración 15 días aprox.
Propuestas visuales, textos y variantes con inteligencia artificial, revisadas antes de publicarse.
Ver el cursoCurso Norte
Duración 1 semana aprox.
Investigación de búsquedas y redacción asistida, con criterio para no publicar contenido vacío.
Ver el cursoCurso Lexema
Duración 15 días aprox.
Cómo encargar a la IA con claridad: intención, límites, contexto y revisión del resultado.
Ver el cursoEn los cursos cuentas con asistente personal y profesores cualificados. Si hace falta, también podemos hacer auditorías y clases presenciales privadas en Ibiza.
Además de los cursos, se puede encargar el trabajo sobre un proyecto concreto. Cada servicio se consulta aparte. No sustituye al temario de los cursos.
La consultoría SEO de proyectos ordena un sitio que ya existe o que está a punto de publicarse, antes de seguir añadiendo páginas. No es un curso y no sustituye a Faro ni a Brújula. Es una revisión aplicada a un caso concreto: qué busca el cliente, qué páginas responden a eso y qué parte técnica impide que un buscador lea el sitio con claridad. El encargo empieza por el negocio, no por una lista de herramientas.
Se anota la oferta, la zona de trabajo y las frases que ya usa quien llama o escribe. Con eso se mira la web: títulos, encabezados, textos que no aportan un dato, direcciones duplicadas, la versión de móvil y la ficha del negocio si el servicio es local. El resultado no es una promesa de puesto en Google. Es un mapa de lo que se corrige ahora, lo que se deja para más adelante y lo que no merece una URL nueva. Una página que mezcla el servicio, la historia de la empresa y tres pueblos se separa. Una búsqueda precisa y local puede valer más que una genérica con mucho volumen y ninguna visita útil.
En un proyecto de Ibiza o de Formentera el lugar pesa. No se fabrican páginas iguales cambiando el nombre del pueblo. Si el negocio atiende en varios sitios, cada página tiene que aportar un dato distinto: cómo se llega, qué se ofrece allí y qué no se ofrece. Si solo hay un local, se alinea el nombre, la dirección y el teléfono entre la web y la ficha. También se separa la consulta de información, la de comparación y la de quien ya quiere contactar. No todo cabe en la misma dirección.
La consultoría entrega un documento corto y una reunión para recorrerlo. Se prioriza por impacto y por el esfuerzo real de quien va a publicar. Un título mal puesto se puede cambiar en el momento. Una arquitectura entera se planifica. Si después hace falta redactar o maquetar, eso se presupuesta aparte y no se mezcla con el diagnóstico. Sirve a quien tiene una web antigua, a quien va a encargar una nueva y quiere saber qué pedir, y a quien ya hace un curso y necesita que alguien mire su caso. No incluye la compra de enlaces ni la garantía de una posición.
Las tarifas se deben consultar. Hay tarifas por horas o por proyectos.
Gestión IA es el servicio para usar la inteligencia artificial en el trabajo de un negocio sin publicar lo primero que devuelve un modelo. La herramienta propone. La persona decide qué se queda. El servicio pone ese orden: encargos, límites y una revisión antes de que un texto o una imagen salgan a la página. Las herramientas cambian de nombre y de resultado. El oficio de revisar no caduca con ellas.
Se empieza por lo que el negocio puede afirmar. Precios, horarios, zona, años de oficio y nombres de clientes no se inventan. Se escribe una lista de lo que sí se puede decir y de lo que no se debe pedir al modelo. Con eso se preparan encargos reutilizables: una página de servicio, una respuesta a una reseña, un borrador de ficha o un esquema de contenidos. Cada salida se lee buscando frases que servirían para cualquier empresa del sector. Esas frases se sustituyen por un dato, un lugar, un plazo o un límite. Un párrafo que no añade información se borra, aunque alargue el texto.
También se organiza el archivo. Se guarda el encargo, la variante elegida y el motivo del descarte, para poder repetir el proceso cuando la herramienta cambie. Una foto generada no se presenta como el local ni como un equipo que no ha posado. Un premio, un año de fundación o una dirección inventados se borran. Si el borrador no aporta un hecho que el negocio pueda sostener, no se publica. La medición sigue siendo simple: qué consultas enseñan la página y si esa página recibe la visita esperada. Si no, se corrige o se retira.
La gestión IA no es un curso de modelos ni un piloto automático del blog. Es el criterio para ir al día sin perder la voz del negocio. Encaja con Aurora y con Norte cuando se quiere aplicar el método sobre un material real, y también con empresas que no van a formarse y solo necesitan el trabajo hecho, con una fecha para volver a leer lo publicado.
Las tarifas se deben consultar. Hay tarifas por horas o por proyectos.
La creación de apps para móviles entra cuando la web ya no cubre el uso real: reservas que se repiten, un equipo que trabaja fuera del local, pedidos o un acceso con cuenta. No toda empresa necesita una aplicación. Muchas necesitan una web que se use bien en el teléfono. El primer paso de este servicio es decidir cuál de las dos cosas hace falta, y no abrir un proyecto de tiendas de aplicaciones por inercia.
Si la app se justifica, se define una sola tarea principal. Consultar disponibilidad, dejar un parte, ver un pedido o avisar de una llegada. El resto se deja fuera de la primera versión. Se elige el camino técnico según esa tarea: una aplicación web que se puede guardar en la pantalla de inicio, o una app de tienda cuando hacen falta la cámara, los avisos o un acceso sin navegador. Se anota qué datos se guardan, quién puede verlos y cómo se cierra la sesión.
El diseño se prueba con el dedo. Botones con altura suficiente, una acción visible, textos cortos y un estado claro cuando no hay conexión, porque la cobertura en la isla falla. Se prepara el texto de la ficha de la tienda, los permisos que se piden y qué ocurre con los datos si el cliente borra la cuenta. La publicación en las tiendas, si toca, se planifica con sus plazos y con las cuentas de desarrollador, que paga el cliente. No se pide un permiso que la tarea no necesita.
Después de publicar hay mantenimiento: avisos del sistema, una corrección o un cambio de temporada. Eso no entra en el primer encargo si no se ha dicho. El servicio puede quedarse en la primera versión cerrada o continuar con un acompañamiento. Se distingue desde el principio para no mezclar un alta con un soporte abierto.
Las tarifas se deben consultar. Hay tarifas por horas o por proyectos.
La publicidad online pone anuncios cuando la web ya dice con claridad qué se ofrece. Anunciar una página confusa solo paga clics que no escriben. Por eso el trabajo empieza en el destino: la página, el formulario y la frase del botón. Si eso no está, se corrige antes de abrir la campaña, o se dice que todavía no toca anunciarse. El anuncio y la página tienen que prometer lo mismo.
Se elige un canal según la intención. La búsqueda de Google cuando alguien ya escribe el servicio. Las redes cuando hay que enseñar un trabajo, una fecha o una plaza. No se reparte el mismo presupuesto en todos los sitios por estar presente. Se define una zona, un idioma y una exclusión: quien busca empleo, quien está fuera de la isla si el servicio no viaja, o quien ya es cliente si no interesa volver a impactarle. El anuncio dice el servicio, el lugar y el siguiente paso, sin urgencias falsas ni descuentos que el negocio no puede mantener.
Se mide lo que se puede atender: consultas, reservas o llamadas, no solo el alcance. Cada anuncio apunta a una página que habla de ese servicio. Se revisa el gasto con una cadencia corta, se pausa lo que no trae la acción y se mantiene lo que sí. La etiqueta de medición se instala respetando el aviso de cookies de la web, sin recoger datos que la campaña no necesita. Un cambio de color del botón, sin la pareja de visitas y acciones, no se toma como resultado.
La publicidad no promete un coste por cliente. El precio del clic lo pone la subasta, y la temporada en Ibiza lo mueve. El servicio entrega la estructura de la campaña, los anuncios, la página de destino revisada y un informe corto de qué se ha gastado y qué consulta ha llegado. La inversión en la plataforma la paga el cliente, aparte de la gestión.
Las tarifas se deben consultar. Hay tarifas por horas o por proyectos.
Redes sociales es el servicio para mantener los perfiles del negocio con un ritmo que se pueda sostener, no con una presencia diaria que se abandona en cuanto llega la temporada. Se elige una red o dos según dónde está el cliente, no según la moda del mes. Un alojamiento, un taller y una consulta no publican igual ni con la misma frecuencia. El perfil tiene que poder explicarse en la misma frase que la web.
Se parte de material real: el trabajo, el local, el horario y una duda que se repite en los mensajes. No se rellena el mes con frases genéricas ni con una playa que podría ser cualquier isla. Se prepara un calendario corto, de dos a cuatro semanas, con el texto, la imagen y el día. Se responde a los mensajes y a las reseñas sin discutir en público y sin pedir datos personales en la respuesta. Una reseña de un caso que el negocio no reconoce se trata aparte, no se niega a la ligera ni se confirma sin comprobar.
También se mira qué no hacer. Un sorteo que obliga a etiquetar a desconocidos, un directo sin nada que contar, o copiar el tono de otra marca. La red no sustituye a la web. Cada publicación que ofrece un servicio debe poder llevar a la página donde están el lugar, el plazo o el formulario. Si esa página no existe, se señala antes de seguir publicando. Las fotos del trabajo valen más que un banco de imágenes.
El servicio puede ser la preparación del sistema para que el propio negocio publique, o la publicación hecha durante una temporada. Las dos cosas se presupuestan distinto. No se promete un número de seguidores. Se deja un perfil coherente con la web y con lo que el negocio puede cumplir cuando alguien escribe.
Las tarifas se deben consultar. Hay tarifas por horas o por proyectos.
El marketing online junta la oferta, el mensaje y los canales, para que no vayan cada uno por su lado. No es un plan de cincuenta páginas. Es decidir a quién se habla, qué se le dice y dónde se le dice, y comprobar si eso produce consultas. Si la web, el anuncio y el perfil prometen cosas distintas, el trabajo empieza por alinearlos.
Se escribe la oferta en una frase: qué se hace, para quién, en qué zona y qué queda fuera. Con eso se revisan la página de inicio, la de servicio y el formulario. Se elige un canal principal y uno de apoyo. El resto se deja quieto hasta que el principal se entienda. El posicionamiento, la publicidad y las redes pueden formar parte del encargo, pero no se activan todos a la vez si no hay quien los atienda. Abrir cinco frentes en la misma semana suele dejar los cinco a medias.
La medición es una pareja de números: visitas a la página que importa y acciones terminadas. Sin eso, un cambio de eslogan es una opinión. Se anota qué se probó, qué se quedó y qué se quitó. En temporada alta el horario, el plazo y a veces el propio servicio cambian. El mensaje tiene que poder actualizarse sin rehacer la marca cada mes. El precio, si se puede decir, se dice. Si depende del caso, se dice de qué depende, para no generar consultas que luego no se pueden cumplir.
Este servicio encaja cuando el negocio ya tiene web, o cuando la está haciendo, y necesita que alguien ordene la salida al público. No incluye la inversión en anuncios ni el diseño de una identidad completa desde cero, salvo que se haya pedido como proyecto aparte. La consultoría, la publi y las redes siguen siendo encargos distintos si hace falta profundizar en uno solo.
Las tarifas se deben consultar. Hay tarifas por horas o por proyectos.
La gestión de sistemas es el cuidado práctico de lo que sostiene la web: dominio, alojamiento, correo, copias y accesos. No es una vigilancia de veinticuatro horas ni un desarrollo de funciones nuevas. Es que el sitio siga en línea, que el correo llegue y que haya una copia reciente si algo se rompe. El alumno o el cliente sigue siendo el titular del dominio y del alojamiento.
Se hace un inventario corto. Dónde está el dominio, cuándo caduca, quién tiene la contraseña, qué versión usa la web y dónde están las copias. Las contraseñas no se envían por el mismo correo que se quiere proteger y no se dejan en un documento abierto. El acceso queda en un sitio que el cliente controla. Si hay un formulario, se comprueba que el mensaje sale y que la página no enseña la dirección de destino. Un certificado caducado o un dominio a punto de vencer se anotan con fecha, no como una alarma genérica.
El mantenimiento periódico incluye renovar lo que caduca, revisar que la copia se ha hecho, actualizar lo que es seguro actualizar y mirar si el sitio responde. Un correo nuevo, un buzón que rebota o un cambio de temporada se tratan como tareas concretas. Si la web sale de un curso y el alumno la publica en su propio alojamiento, el servicio puede limitarse a dejar el procedimiento y revisar que el primer despliegue está bien: archivos en su sitio, enlaces que van a donde dicen y un formulario que confirma el envío.
No entra la recuperación de una cuenta perdida si el registrador exige una identidad y el titular no está, ni la programación de una tienda o de una integración a medida. Esas gestiones se avisan antes de empezar. Cuando el encargo es una intervención suelta se cuenta por horas. Cuando es un alta completa o un mantenimiento de temporada, se cuenta por proyecto.
Las tarifas se deben consultar. Hay tarifas por horas o por proyectos.
El curso se puede completar con trabajo directo sobre la web del negocio, en remoto o en persona en Ibiza.
Auditoría
Miramos la página, la velocidad y el posicionamiento, y dejamos por escrito qué conviene cambiar.
Presencial
Sesiones individuales en la isla cuando el tema no se resuelve bien solo en online.
Acompañamiento
Una persona de referencia durante el curso para dudas, revisiones y el ritmo de las clases.
Docencia
Creación de webs, diseño y posicionamiento online, impartidos por quien trabaja esos oficios.
El diseño web en Ibiza, dentro de IbizaOn, va unido al curso: se aprende a plasmar el negocio en una página simple, usable y preparada para posicionar. También damos cursos para proyectos que necesitan más de un idioma, para quien recibe clientes de fuera.
Los precios están explicados por duración. Invertir en un curso de posicionamiento web sale a cuenta cuando la web pasa a ser el sitio donde te encuentran y donde se entiende qué ofreces.
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